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  • Foto del escritorCarlos Santiso

¿Qué ha pasado con Credit Suisse?

Actualizado: 24 mar 2023


El pasado fin de semana se conoció que UBS, el mayor banco de Suiza, comprará a su rival Credit Suisse por 3.250 millones de dólares. Con esta operación, las autoridades bancarias confían en poner punto y final a la crisis que asola a Credit Suisse desde hace una semana, y que amenaza con desencadenar una tormenta en el sistema financiero.


En los párrafos que siguen explicamos cómo se ha llegado a esta situación y qué impacto tendrán las medidas adoptadas.


Credit Suisse, en mala situación

Credit Suise es uno de los principales bancos suizos, con más de siglo y medio a sus espaldas y con negocios potentes en banca de inversión y en gestión de grandes patrimonios. Desde hace algunos años ha venido arrojando malos resultados, ya que ha protagonizado algunos escándalos que han afectado a su reputación y que han derivado en grandes multas y pérdidas de negocio, lastrando su rentabilidad.


Por tanto, Credit Suisse entró en 2023 en una situación financiera particularmente vulnerable. Cualquier contratiempo podía hacer que el castillo de naipes se viniera abajo. Y este contratiempo ha llegado en este mes de marzo.


Desencadenante: SVB y la pérdida de confianza

Credit Suisse estaba al borde del precipicio, tan sólo necesitaba un empujón para despeñarse. Ese empujón se lo ha dado la crisis de confianza en la banca iniciada con la caída de Sillicon Valley Bank y Signature Bank en EEUU.


Después de muchos años, las corridas bancarias han vuelto a hacer acto de presencia en el panorama financiero. En una corrida bancaria, los depositantes de un banco acuden en masa a retirar su dinero, temeroros de que el banco no tenga para pagar a todo el mundo y que por tanto los últimos en llegar se queden sin cobrar. El caso es que es precisamente la corrida bancaria la que hace que el banco no tenga suficiente liquidez para pagar a todos los depositantes, ya que normalmente sólo tiene liquidez para pagar a unos pocos depositantes, no a todos. Es por eso que las autoridades bancarias aplican una serie de medidas para evitar que cunda el pánico entre los depositantes.


Entre estas medidas está el fondo de garantía de depósitos, que en la Eurozona es de 100.000€, en EEUU de 250.000$, y en Suiza de 100.000 francos (el euro y el franco tienen un valor similar). Esto quiere decir que si un suizo tiene 130.000 francos depositados en su banco, en caso de que el banco quiebre sabe que podrá recuperar como mínimo 100.000 francos, ya que esa cantidad cuenta con la garantía del Estado.


El problema con bancos como Credit Suisse o SVB es que su base de clientes son personas o entidades con grandes patrimonios, con depósitos muy por encima del mínimo asegurado. Estos clientes saben que, si el banco quiebra, perderán casi todo el dinero, por lo que son los primeros en retirarlo en cuanto tienen la sospecha de que el banco está en problemas.


Con la caída de algunos bancos americanos en la primera mitad del mes (SVB, Signature Bank) , creció el temor entre los inversores y depositantes acerca de la situación de la banca en general. De ahí que muchos hayan decidido trasladar su dinero a la deuda pública, al oro y también a criptomonedas. Este trasvase de dinero supone drenar liquidez del sistema bancario y poner a muchos bancos, como Credit Suisse, contra las cuerdas.


En el caso del banco suizo, las palabras de su principal accionista (National Saudi Bank) de que no aportaría más capital alimentaron la preocupación de los inversores.


Rescate

Ante la fuga de depósitos, Credit Suisse solicitó asistencia al banco central suizo (SNB), que el día 16 de marzo accedió a abrir una línea de liquidez de 50 mil millones de francos. Pero no ha sido suficiente.


Finalmente, el pasado fin de semana las autoridades suizas, el banco UBS y el propio Credit Suisse acordaron la compra de éste último a manos de UBS por unos 3.250 millones de dólares (unos 3.020 millones de francos, cantidad similar en euros). Esto supone un recorte del 60% en la valoración de Credit Suisse respecto a su última cotización el viernes 17 de marzo.


Para apoyar a UBS, el gobierno suizo pondrá a su disposición 9.000 millones de francos para cubrir posibles pérdidas derivadas de la fusión y el SNB le concederá una línea de liquidez de 100 mil millones de francos.


Paradójicamente, UBS estuvo cerca de quebrar durante la Crisis Financiera Global de 2008, mientras que por aquél entonces Credit Suisse gozaba de buena salud. Más de una década después, los papeles se han invertido.


Inseguridad jurídica e inquietud en los mercados

En el rescate de Credit Suisse ha sucedido algo que ha desconcertado al mercado, y es que se ha roto la regla de que el accionista debe sufrir pérdidas antes que el acreedor. Los bonos más subordinados del banco (los llamados AT1) tendrán pérdidas del 100%, mientras que los accionistas, que en teoría están subordinados a los bonistas, recuperarán una parte de su inversión. Los bonos AT1 son deuda emitida por los bancos que el regulador bancario trata como si fueran capital. Es decir, son un híbrido entre capital y deuda, con el que los bancos pueden endeudarse pero sin que a efectos oficiales sus ratios de solvencia empeoren. En el caso de liquidación del banco, los inversores en AT1s cobran después que el resto de acreedores, pero cobran antes que los accionistas.


Tan sólo unas horas antes de anunciarse la fusión, los analistas daban por hecho que, en tanto en cuanto los accionistas no iban a perder la totalidad de su inversión, no cabía esperar que los bonistas sufrieran pérdidas. Tiene todo el sentido, ya que es un principio básico en finanzas que el inversor que más riesgo asume, y el que más rentabilidad aspira a obtener, es el accionista, por lo que el accionista debería ser el primero en sufrir pérdidas, y sólo una vez el accionista lo ha perdido todo es el acreedor el que empieza a absorber pérdidas.


La razón por la que esto no ha sucedido en los AT1s de Credit Suisse es porque el regulador así lo ha requerido, apoyándose en una cláusula del contrato de emisión de los bonos que estipula que éstos pueden valorarse a cero en caso de que el propio regulador entienda que el banco no es viable sin hacer ese ajuste. Cabe pensar que buena parte de los inversores en AT1s desconocían esta cláusula y se han encontrado con esta desagradable sorpresa sin que puedan hacer prácticamente nada por remediarlo. En cualquier caso, la existencia de esa cláusula tampoco invitaba a pensar que los bonistas iban a sufrir más pérdidas que los accionistas en caso de que el banco fuera rescatado.


Esto sin duda tiene un impacto muy negativo en un mercado tan activo como es el de los AT1s, ya que muchos inversores no seguirán invirtiendo en este tipo de instrumentos sin antes leerse toda la documentación, algo que hasta la fecha no estaban haciendo. Algunos de ellos dejarán de invertir en este activo por falta de voluntad o capacidad para analizar correctamente la documentación de los bonos, o porque simplemente no terminarán de fiarse. Conclusión: costes de financiación más caros para los bancos que emitan AT1s, que son unos cuantos.


Además del problema de los AT1s, hay que mencionar que, para acelerar los trámites de la fusión, la autoridad suiza cambiará la ley de manera que no sea necesaria la aprobación previa de los accionistas a la operación. Aunque es justificable que esto suceda en aras de solventar la situación lo antes posible y evitar así un desastre financiero mayor, es inevitable que los inversores se sientan desprotegidos.


¿Tan mal están los bancos?

Cabe preguntarse si la banca es un sector en el que las cosas se han hecho mal de manera generalizada y por eso ahora hay tantos problemas. Lo cierto es que los bancos pueden verse en problemas aunque sean solventes, si es que se ven envueltos en una crisis de liquidez. Si el banco tiene que empezar a vender activos (por ejemplo, bonos del Tesoro) a un precio cada vez más bajo ya que necesita la liquidez con urgencia para tender el pago de su deuda con los depositantes, esto genera pérdidas que pueden erosionar todo su capital.


Los bancos se encuentran en una situación inherentemente delicada por el hecho de que sus pasivos son más líquidos que sus activos, por lo que si de repente tienen que devolver muchas deudas de golpe (eso es precisamente una corrida bancaria), puede que no tengan la capacidad de hacerlo. Es por eso que los bancos centrales ponen todos sus esfuerzos en mantener la confianza de los depositantes y los inversores, para evitar que el temor de unos pocos acabe derivando en un pánico financiero. Si la confianza se tambalea, el problema de unos algunos bancos puede afectar a todo el sistema financiero.


Por el momento, no hay motivos para pensar que los bancos centrales no han logrado contener la amenaza, aunque las próximas semanas serán clave.


Qué esperar de los bancos centrales

El de Credit Suisse es un episodio más en esta crisis generalizada que está viviendo la banca europea y norteamericana desde inicio de mes, cuya causa inmediata es la subida agresiva de tipos por parte de los bancos centrales para combatir la inflación. Desde que empezaron los problemas en SVB, el mercado espera que las subidas de tipos por parte de la Fed y el BCE se ralenticen considerablemente, o que incluso se reviertan este mismo año. Cada nuevo episodio de crisis bancaria (el de Credit Suisse es el último) alimenta esta percepción.


Los bancos centrales se hallan en un difícil equilibrio. Tienen que combatir la alta inflación si no quieren que se pierda la confianza en la moneda, pero para conseguirlo están poniendo al sistema financiero contra las cuerdas. Van apagando los fuegos según éstos van apareciendo, pero conforme la política monetaria se vuelve más restrictiva el riesgo de que surja un nuevo incendio en alguna parte no hace otra cosa que aumentar.

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