Global Evolution Frontier Local Markets: el fondo que presta donde nadie quiere prestar
- Carlos Santiso

- 24 jul
- 17 min de lectura

Hace unas semanas publicaba el tercer análisis de esta serie, dedicado al Fulcrum Equity Dispersion, el fondo más raro de mi cartera. La acogida volvió a superar lo esperado, así que seguimos. Hoy toca el cuarto, y de nuevo cambiamos por completo de territorio. Si el Fulcrum era el fondo más raro, el de hoy es, sin discusión, el más exótico. Un fondo que presta dinero a Kenia en chelines, a Uzbekistán en soms y a Paraguay en guaraníes.
Sé lo que estás pensando, porque es lo mismo que piensa casi todo el mundo, eso tiene que ser una ruleta rusa. Países que salen en las noticias por los motivos equivocados, monedas que nadie sabe pronunciar, bonos que no aparecen en la pantalla de tu banco. Y sin embargo, los datos cuentan una historia que no te esperas.
¿Cuántos activos conoces que paguen cupones de doble dígito y lleven años moviéndose menos que un fondo de deuda emergente tradicional?
Se llama Global Evolution Funds Frontier Local Markets. Lo gestiona desde Kolding, una discreta ciudad danesa, una boutique que solo hace una cosa (deuda de mercados emergentes y frontera) y la lleva haciendo casi dos décadas, cerca de 18.000 millones de dólares bajo gestión y un equipo original que sigue trabajando junto desde hace más de veinte años. El fondo forma parte de la cartera de Icaria Patrimonio FIL, y este artículo es la explicación, con sus luces y sus sombras, de por qué.
Aviso desde el principio, como siempre, no es para todos los perfiles. Tiene un episodio incómodo reciente que contaré con detalle, un riesgo que las métricas habituales no recogen bien, y un acceso pensado más para institucionales que para minoristas. Pero dentro de lo poco que hoy puede llamarse honestamente una fuente de retorno distinta, esta es de las más puras que conozco.
Por qué este fondo, y por qué el cuarto de la serie
Para quien haya seguido los análisis anteriores, conviene dar algo de contexto. El Man Alpha Select gana dinero seleccionando acciones británicas, largas y cortas, su motor es la habilidad. El Fulcrum Equity Dispersion gana dinero cobrando una prima estructural del mercado de opciones, su motor es la asimetría entre el miedo y la realidad. El fondo de hoy gana dinero por un tercer motivo que no se parece en nada a los anteriores. Cobra la prima de prestar dinero donde casi nadie quiere prestar. Su motor es el carry.
Esa es la lógica del bloque alternativo de una cartera bien construida. Cada pieza gana por un motivo distinto, y cuando una sufre, las demás no tienen por qué enterarse. El carry de mercados frontera en moneda local es, probablemente, la fuente de retorno más descorrelacionada que queda en el mundo de la renta fija. No porque lo diga la gestora, por construcción, como veremos.
Qué es un mercado frontera, sin jerga
Dentro del mundo emergente hay dos ligas. La primera son los emergentes clásicos: Brasil, México, Indonesia, Sudáfrica. Economías grandes, mercados financieros desarrollados, miles de inversores internacionales entrando y saliendo cada día. La segunda liga son los mercados frontera: Kenia, Uzbekistán, Paraguay, Costa de Marfil, Sri Lanka. Economías más pequeñas incluso para los estándares emergentes, mercados de capitales jóvenes y una característica que lo cambia todo, sobre la que volveremos; muy poco inversor extranjero.
Un país frontera puede financiarse de dos maneras. La primera es emitir bonos en dólares o euros, lo que en el argot se llama divisa dura (hard currency). Es el mercado clásico, donde está la mayoría del dinero internacional. El inversor asume el riesgo de impago del país, pero no el de su moneda. La segunda es emitir bonos en su propia moneda: chelines kenianos, nairas nigerianas, tenges kazajos. Es el mercado local y donde se ubica el fondo de hoy.
La diferencia entre ambos es importante; son dos activos distintos. El bono en dólares de Kenia depende de que Kenia pague y de lo que hagan los tipos americanos. El bono en chelines depende de los tipos kenianos y de lo que haga el chelín. Dos fuentes de retorno diferentes, dos perfiles de riesgo diferentes y, esto es lo importante para una cartera, correlaciones diferentes con todo lo demás.
La pregunta del millón: ¿por qué te pagan un 15%?
A cierre de septiembre de 2025, la cartera de la estrategia tenía una rentabilidad media a vencimiento del 15,5% con una duración de apenas 2,1 años. Detengámonos aquí, porque este número es el corazón del artículo. Nadie paga un 15% por nada. ¿Dónde está la trampa?
La trampa, o mejor dicho la explicación, se llama depreciación esperada. Las divisas frontera tienden a depreciarse contra el dólar y el euro con el paso del tiempo. Inflaciones más altas, economías menos productivas, balanzas de pagos frágiles. El mercado lo sabe y lo cobra por adelantado, exigiendo a los bonos en moneda local un interés muy superior al de los bonos en dólares del mismo país, para compensar la depreciación que espera de la divisa.
Un ejemplo simplificado (las cifras son inventadas, el mecanismo no). Kenia se financia, pongamos, al 7% en dólares. Si el mercado espera que el chelín se deprecie un 4% anual, exigirá a los bonos en chelines en torno a un 11%. Si el chelín acaba depreciándose menos de ese 4%, el inversor en moneda local habrá ganado más que el inversor en dólares. Si se deprecia más, habrá ganado menos. Toda la categoría se reduce a esta pelea entre el cupón y la divisa.
El mérito de invertir en moneda local no está en cobrar el cupón. Está en que la divisa te quite menos de lo que el cupón te da.
Y aquí viene el dato que justifica la existencia de la categoría. Global Evolution publica la descomposición del retorno de su cartera de moneda local desde 2011: el carry (los cupones) ha aportado un +13,1% anual; las divisas han restado un 4,9% anual; los movimientos de precio, apenas un +0,8%. Resultado neto de la pelea: en torno a un 8,5% anual bruto en dólares, sostenido durante catorce años. Las divisas hacen exactamente lo que todo el mundo teme, caer. Y aun así el inversor gana, porque caen bastante menos de lo que pagan los cupones.
El gráfico expone lo que comento y la verdad que resume todo el artículo en una sola imagen.

Presentación Frontier Local Currency Debt, septiembre 2025.
La mayor posición del fondo a cierre de septiembre lo ilustra mejor que cualquier teoría: un bono de infraestructuras del Gobierno de Kenia con cupón del 18,46% anual en chelines. Para perder dinero en un año con ese bono, el chelín tiene que depreciarse más de un 18% (y el chelín, por cierto, se apreció en 2024). El colchón es tan grande que la divisa tiene que romperse de verdad para hacerte daño. La segunda posición es aún más curiosa, un bono del Banco Africano de Desarrollo al 12,2%, un emisor con rating AAA (el mismo que Alemania) pagando cupones de doble dígito por el simple hecho de estar denominado en moneda frontera. Crédito de máxima calidad con rentabilidad de mercado exótico. Estas cosas solo existen en los rincones del mercado donde casi nadie mira.
Un apunte importante es que los bonos en dólares (hard currency) tienen duraciones altas debido a que hay mayor demanda. La duración como he explicado en muchos artículos es la principal métrica de riesgo en renta fija. En cambio en los bonos en divisa local la duración es mucho más corta. Esto impacta directamente sobre el perfil de riesgo del activo. Una subida de tipos de interés hace mucho más daño cuando inviertes en dólar que cuando inviertes en divisa local.
Por qué se mueve tan poco
Si pagan un 15%, esto se moverá como una montaña rusa, ¿no? Pues no. Y este es el hallazgo contraintuitivo que me llevó a estudiar la categoría a fondo. La estrategia local de Global Evolution ha tenido desde 2011 una volatilidad de un dígito bajo, y el fondo UCITS, desde su lanzamiento en 2021, se ha movido en torno al 4,5% anualizado incluyendo 2022, su peor año; en los años tranquilos, la volatilidad realizada ha rondado el 2-3%. Si lo ponemos en contexto; los índices de deuda emergente tradicional se mueven habitualmente entre el 8% y el 12%, y la bolsa entre el 15% y el 20%. Lo más exótico de la renta fija resulta ser de lo más tranquilo. ¿Cómo es posible? Por cuatro motivos que conviene entender bien, porque son la tesis entera del producto.
Primero: no hay turistas. En los emergentes clásicos, entre el 20% y el 40% del mercado local de bonos está en manos de inversores extranjeros. Ese dinero entra cuando hay apetito por el riesgo y sale en estampida cuando hay miedo, arrastrando los precios sin que los fundamentos locales hayan cambiado. En los mercados frontera la participación extranjera es inferior al 10%, y en muchos países roza el cero. ¿Quién tiene los bonos? Bancos, fondos de pensiones y aseguradoras locales, inversores que compran para quedarse el bono a vencimiento, porque es el único activo que casa con sus pasivos. Cuando llega un susto global, sencillamente no venden. El S&P 500 puede caer un 20% y el fondo de pensiones ugandés seguirá teniendo sus bonos del tesoro ugandés. Esa base inversora pegajosa es el aislante estructural de la categoría.
Segundo: duración bajísima. Con cupones del 12-18% se recupera la inversión muy rápido, y la duración de la cartera es de unos 2 años, frente a los 7 que puede tener un índice de deuda emergente en dólares. Las curvas de tipos de Kenia o Uzbekistán no están atadas a la Reserva Federal. Cuando la Fed sube tipos, el bono local frontera apenas se entera. El bono en hard currency (es decir dólar) sí se entera, y mucho, se comporta como lo que es, un activo de crédito global.
Tercero: treinta problemas que no se conocen entre sí. La cartera tiene una treintena de países con un máximo del 7% por país. Una sequía en Marruecos, unas elecciones en Nigeria y un acuerdo con el FMI en Sri Lanka son sucesos sin relación alguna entre sí. Cuando los problemas de tus posiciones no están correlacionados, la estadística juega a tu favor. Un desastre del 50% en una posición del 2% son 100 puntos básicos de daño para el fondo. Doloroso, no letal. El universo de la gestora abarca más de 100 países frontera, de los que hoy excluye 22 por gobernanza o sanciones.
Y cuarto: muchas de estas divisas no flotan libremente. Una parte relevante de los países frontera gestiona su tipo de cambio contra el dólar, de forma más o menos explícita, lo que reduce el ruido diario de la parte más volátil del activo.
En el gráfico que tenemos a continuación podemos ver como fluctúa la volatilidad a lo largo del tiempo y como la inversión en divisa local es la que arroja la volatilidad más contenida, incluso en los episodios de mayor estrés como 2022.

Volatilidad rodante a 60 días de la estrategia local frente a los índices EMBI GD y GBI-EM GD. Diapositiva 17 de la presentación de septiembre 2025.
Y ahora la letra pequeña, porque me gusta el rigor y aquí toca. Parte de esa baja volatilidad es real (base inversora, duración, diversificación) y parte es óptica. Divisas gestionadas y bonos que pueden pasar días sin cruzar operaciones producen un valor liquidativo suavizado, que se mueve poco… hasta que se mueve. Eso sucede también en los fondos tan famosos actualmente cuya cartera está muy expuesta a bonos sin rating (non-rated). El riesgo de esta categoría no desaparece, se acumula y llega a saltos. En marzo de 2022 el fondo cayó un 5% en un mes. Quien compre esto pensando que es un monetario con esteroides se llevará un susto en algún momento. La volatilidad de este fondo no se mide bien con la desviación típica; se mide con los episodios. Por eso el siguiente apartado es el más importante del artículo.
El año que puso a prueba la tesis
Febrero de 2022. Rusia invade Ucrania y el mundo entra en modo pánico; el dólar se dispara, la energía y los alimentos también, y los países frontera, que importan ambos y se financian caro, reciben el golpe por todos los lados a la vez. Marzo de 2022 fue el peor mes de la historia del fondo: un -5,0%. Sri Lanka dejó caer su rupia camino del impago; Egipto devaluó la libra un 14% y subió los tipos 100 puntos básicos el mismo día; Ghana subió 250 puntos básicos de golpe, una subida histórica, intentando frenar la caída del cedi.
El fondo encadenó caídas hasta octubre: un -11,5% desde el máximo de febrero. Y aquí viene el dato que hay que tener en cuenta antes de invertir: tardó 26 meses en recuperar ese máximo, hasta abril de 2024. Más de dos años bajo el agua. El año 2022 completo cerró en -7,7% en la clase en euros.
¿Fue un mal resultado? En mi opinión desde luego que no. En aquel 2022, el peor año de la historia reciente de la renta fija, el índice de deuda emergente en divisa dura cayó un 17,8% y el de deuda emergente en moneda local un 11,7% (datos del índice, en dólares). El S&P 500 cayó un 19,4%. La estrategia de Global Evolution, medida en los mismos términos (dólares, bruto de comisiones), cayó un 4,4%. Una fracción del daño de su categoría, en el peor escenario posible para ella. Shock global, dólar disparado, pánico generalizado. La tesis del aislamiento estructural no prometía no caer; prometía caer menos. Se cumplió.
Podemos ver en el siguiente gráfico la evolución del drawdown del la estrategia.

Drawdowns comparados desde 2011, estrategia local vs EMBI GD y GBI-EM GD. Diapositiva 37 de la presentación de septiembre 2025.
La lección de 2022, sin embargo, es doble y va más allá. La primera; este fondo puede pasar más de dos años sin ganar dinero, y quien no pueda convivir con eso no debería tenerlo. La segunda, lo que vino después. Quien aguantó cobró un +4,6% en 2023, un +10,0% en 2024 y un +14,4% en 2025. El carry hizo su trabajo, como casi siempre que se le da tiempo. En esta categoría, el coste real de las crisis no es la caída; es la paciencia.
El hermano famoso (y por qué preferimos al discreto)
Aquí toca una parada que en otros análisis no haría, porque este fondo tiene un hermano mayor con el que es muy fácil confundirlo, y la diferencia entre ambos es precisamente el motivo de este artículo.
Global Evolution gestiona dos estrategias frontera. La famosa es Global Evolution Frontier Markets, sin el “Local” en el nombre. Lanzada en diciembre de 2010, unos 4.200 millones de dólares, el buque insignia de la casa. Combina deuda en hard currency y local y cubre gran parte del riesgo de divisa. La discreta es la nuestra, Frontier Local Markets, moneda local pura, sin apenas cobertura, con unos 400 millones de euros en el vehículo UCITS.
La intuición dice que el famoso debería ser el tranquilo (al fin y al cabo cubre las divisas) y el nuestro el salvaje. Los datos dicen lo contrario, y entender por qué es entender la categoría. El hermano mayor, al cubrir la divisa, se queda con el riesgo de crédito puro: spreads soberanos high yield. El resultado es que se comporta como un fondo de bonos high yield global, con su misma beta. En nuestro análisis, su correlación con el high yield europeo es altísima; en el COVID cayó un 14,5%, y desde su máximo de 2021 llegó a perder un 19%, tardando 30 meses en recuperarse. Rentable a largo plazo (un 8,6% anualizado bruto en dólares desde 2010; en torno a un 5,4% neto en la clase cubierta a euros), pero pegado al ciclo de crédito global. Si ya tienes high yield o bolsa en cartera, te añade rentabilidad, no diversificación.
El pequeño, al no cubrir, vive de los tipos locales y de las divisas frontera. Factores domésticos, desconectados de la Fed y del ciclo de crédito global. Por eso sus caídas han sido más suaves y por eso, aunque parezca mentira, el fondo “sin red” es el que mejor diversifica. La cobertura de divisa, que suena a prudencia, en esta categoría convierte el activo en otra cosa; en más high yield del que ya tienes. Es uno de los ejemplos más bonitos que conozco de cómo, en finanzas, la intuición y la estadística no siempre van de la mano.
La versión en moneda local no es la versión arriesgada del fondo frontera. Es la versión descorrelacionada.
La casa y el equipo
Como siempre, antes de los números, los nombres. Global Evolution nació en 2007 en Kolding, Dinamarca, fundada por Morten Bugge y Søren Rump. Gestiona 17.900 millones de dólares (dato a septiembre de 2025), tiene oficinas en Londres, Nueva York, Singapur y Luxemburgo, y presume de un dato que en esta industria vale oro: el equipo original lleva más de veinte años trabajando junto. El 90% del capital pertenece a Conning Holdings, dentro del grupo asegurador Generali, y el 10% restante sigue en manos de gestores y empleados.
En los mercados frontera, además, el acceso es una ventaja competitiva en sí misma. Estos bonos no se compran apretando un botón, hay que conocer los mercados locales, tener líneas operativas con los bancos y, literalmente, patearse los países. El proceso de la casa incluye visitas a los países y una red de relaciones con ministerios de finanzas, bancos centrales e instituciones multilaterales como el FMI y el Banco Mundial. En deuda frontera la información no está en Bloomberg; está en el terreno.
El subfondo lo gestiona un equipo de tres. Christian Mejrup, CIO de deuda soberana emergente de la casa, está en Global Evolution desde la fundación, en 2007. Anne Margrethe Tingleff, senior portfolio manager, llegó en 2024 tras co-gestionar estrategias de deuda emergente y frontera en Nordea y Danske Bank. Y Stephen Bailey-Smith, economista senior y gestor, es probablemente el nombre más reconocible del trío: ex jefe de estrategia para África de Standard Bank (el mayor banco del continente), lleva desde los años noventa analizando economías africanas y es una de las referencias internacionales en esos mercados. Para un fondo con casi la mitad de la cartera en África, no es un fichaje menor.
La gestora elabora ratings ESG propios para los más de cien países de su universo, y aquí el ESG no es marketing, es gestión de riesgos dura. En mercados frontera, la G de gobernanza es el mejor predictor de desastres; golpes de estado, giros monetarios bruscos, corrupción. El filtro de exclusión (22 países vetados hoy) funciona como cortafuegos, porque los mayores accidentes de la categoría suelen venir precisamente de los países que estos filtros sacan de la lista.
Y una rareza operativa que conviene conocer: en algunos mercados de difícil acceso, el fondo no compra el bono físico sino credit-linked notes, notas emitidas por bancos internacionales (J.P. Morgan, entre otros) que replican el bono local. Por eso, si consultas el fondo en Morningstar, la primera posición por país parece ser Países Bajos, no es que inviertan en Ámsterdam, es el envoltorio legal de las notas. El matiz tiene su contrapartida, porque añade riesgo de contraparte bancaria, y lo retomaremos en el veredicto.
Las cifras
Toca ser honesto antes de enseñar números, igual que con el Fulcrum. El vehículo UCITS de moneda local se lanzó en septiembre de 2021. Todo lo anterior (la serie desde 2011 que muestra la gestora) es una reconstrucción. La parte en moneda local del fondo hermano, reescalada como si hubiera sido una cartera al 100%. La propia gestora la etiqueta como hipotética y bruta de comisiones. Es operativa real, no un backtest de laboratorio, pero no es el track record auditado del fondo que puedes comprar. Conviene tenerlo presente.
Dicho esto, los números. La reconstrucción desde 2011 arroja en torno a un 8,5% anualizado bruto en dólares. El composite real desde septiembre de 2021: un 7,5% anualizado bruto en dólares, con una volatilidad del 2,9% y un Sharpe de 2,5 a septiembre de 2025. Un Sharpe de 2,5 en renta fija es de esos números que se ven pocas veces en una carrera, aunque aquí aplica el matiz del NAV suavizado que ya hemos visto.
Para el partícipe europeo, lo relevante es la clase en euros, neta de comisiones. Año a año:

Clase Z EUR Acc, neta de comisiones, en euros. Fuente: Bloomberg, datos a 26 de febrero de 2026. En los últimos doce meses (a primeros de junio de 2026), la clase institucional en euros acumula un +16% (Morningstar).
Tres pinceladas más sobre la serie. Desde el lanzamiento, el 72% de los meses han cerrado en positivo. De los últimos 28 meses (hasta febrero de 2026), 27 cerraron en verde, y el único negativo fue un -0,4%. Y desde que terminó la digestión de 2022, la rentabilidad anualizada es del 10,8% neto en euros.
La factura
La estructura de comisiones de la gama combina, según los datos de Bloomberg, en torno a un 1% de gestión con un 10% de comisión de éxito. Los gastos corrientes de las clases en euros se mueven entre el 1,45% de la clase institucional sin cubrir y aproximadamente el 1,70% de la cubierta a euros, según los KID.
¿Es caro? Para lo que hace, no. Comprar un bono en Kampala no cuesta lo mismo que comprar una acción de Apple. Hay mesas locales, custodia exótica, impuestos en origen y un equipo que viaja a los países. Los grandes fondos de deuda emergente local cobran cifras similares o superiores en sus clases minoristas (el PIMCO Emerging Local Bond, por citar el mayor, ronda el 1,9% en clase retail) por hacer algo bastante menos artesanal.
La pega de verdad no son las comisiones; es el acceso. Las clases del fondo están pensadas para el inversor institucional, con mínimos de entrada altos. El particular español lo tiene difícil para comprarlo directamente. La vía realista pasa por fondos de fondos, carteras gestionadas o banca privada. No es un defecto del producto, pero es la realidad operativa, y prefiero contarla a que la descubras después de leer cuatro mil palabras.
Una nota sobre el tamaño, porque aquí juega al revés de lo habitual. El vehículo gestiona unos 400 millones de euros y la estrategia completa unos 800 millones de dólares, y la gestora se autoimpone un límite de capacidad del 1% de la capitalización líquida de cada mercado. En mercados frontera, ser pequeño no es una debilidad; es la condición para poder operar sin mover los precios contra ti.
Cómo encaja en una cartera
Primero, quién no debería tenerlo. Si un -11% que tarda dos años en recuperarse te va a quitar el sueño, o si vas a mirar el valor liquidativo cada semana buscando la confirmación de que esto era muy arriesgado, no es para ti. Tampoco lo es si tu cartera no tiene resueltos los básicos; esto es un satélite, no un núcleo. Y desde luego no lo es si confundes un 15% de cupón con un 15% de rentabilidad garantizada. Entre el cupón y tu bolsillo se interponen las divisas, y algunos años se interponen con ganas.
Dónde sí encaja. Perfiles con patrimonio consolidado y horizonte de cinco a diez años, dentro del bloque de diversificadores, conviviendo con piezas como las que hemos visto en esta serie.
Hay un matiz de timing que en esta categoría importa más que en otras. La pata de carry se construye cuando el carry es alto, no después de que todo el mundo lo haya descubierto. Tras dos años excelentes, el cupón medio sigue por encima del 12% y los tipos reales frontera siguen claramente en positivo, así que la materia prima sigue ahí. Pero conviene entrar sabiendo que 2025 y 2026 no son la norma; la norma es el 8-10% bruto de los últimos catorce años, con sustos por el camino.
Y el filtro de siempre; si después de leer esto no sabes explicar de dónde sale el 15% y por qué no es gratis, no lo compres. En este fondo el peligro no es la complejidad del producto, porque un bono con cupón es la cosa más simple del mundo; es la complejidad de los lugares donde viven esos bonos.
El veredicto
Si tuviera que resumir en una palabra qué pienso del Global Evolution Frontier Local Markets, sería: carry. Pero como una palabra no basta, desglosemos.
Lo bueno es la combinación que hemos repasado. Una fuente de retorno que casi ninguna cartera europea tiene. Tipos locales y divisas de treinta países frontera, estructuralmente aislados de la Fed, del high yield y de la bolsa por la composición doméstica de su base inversora. Cupones de doble dígito con duración 2. Un comportamiento en 2022, el peor escenario posible para la categoría, que fue una fracción del daño de los índices emergentes. Una casa especialista con casi dos décadas en frontera, equipo estable y acceso real a los mercados.
Lo malo también hay que decirlo. La volatilidad publicada infraestima el riesgo real, porque el NAV está suavizado por divisas gestionadas y bonos poco negociados, y el riesgo llega a saltos, como en marzo de 2022. Estuvo 26 meses bajo el agua y volverá a estarlo en algún momento. Las credit-linked notes añaden una capa de riesgo de contraparte. Y el acceso minorista es limitado.
En la cartera de Icaria Patrimonio FIL convive con el resto del bloque de diversificadores, y su papel está muy claro: cobrar, mes a mes, la prima de prestar donde casi nadie presta, y no parecerse a nada de lo que ya tenemos. El Man gana por selección, el Fulcrum por dispersión, y este gana por paciencia. La paciencia de cobrar un cupón keniano mientras el mundo mira hacia otro lado.
Por ahora, no hay razón para tocar la posición. El cupón sigue pagando el riesgo. Y mientras esa frase siga siendo verdad, lo demás es ruido.
Este análisis es exclusivamente informativo y no constituye recomendación de inversión. Los datos están extraídos de la presentación corporativa de Global Evolution (Frontier Local Currency Debt, septiembre de 2025), del folleto y los KID del fondo, de Bloomberg y Morningstar, de documentación de gestoras de la categoría (LGT, Aktia, Ninety One, Ashmore) y de análisis comparativos propios. Rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros. Antes de invertir, consulta el folleto, el KID y, si procede, a un asesor financiero independiente.
Si lo que has leído te ha resultado útil, en Icaria Capital publicamos análisis como este cada semana en nuestra newsletter icariacap.substack.com, y en nuestro canal de YouTube @IcariaCapital desgranamos lo que está pasando en los mercados y cómo lo estamos gestionando desde el lado de la inversión.
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Este análisis es increíblemente detallado y me ha encantado cómo has desglosado un tema tan complejo como la deuda de mercados frontera. Me llamó mucho la atención la parte donde explicas que el riesgo real no es la volatilidad diaria, sino la paciencia necesaria para superar los ciclos de recuperación, como lo que pasó en 2022. Es refrescante leer sobre estrategias que no intentan seguir la corriente de siempre. Hace poco vi una discusión sobre gestión de activos locales en https://englandderbyshire.co.uk/ que trataba precisamente sobre buscar valor fuera de los mercados tradicionales y este fondo encaja perfectamente con esa filosofía. Gracias por compartir una perspectiva tan honesta y técnica.