¿Qué cambia si añades oro a una cartera 60/40?
- Carlos Santiso

- hace 2 horas
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La 60/40 es la cartera equilibrada de manual. Un 60% en acciones, un 40% en bonos, y a vivir. Ha funcionado durante décadas y sigue siendo la referencia de casi cualquier cartera de banca privada. La pregunta que más veces me han hecho sobre ella es muy sencilla. ¿Y si le meto un poco de oro?
Lo he simulado con el simulador de carteras, con datos mensuales desde 1970 en euros. La 60/40 europea es un 60% en acciones de mercados desarrollados y un 40% en bonos alemanes a diez años. La versión con oro es un 50% en acciones, un 35% en bonos y un 15% en oro, es decir, quito diez puntos a las acciones y cinco a los bonos. Se rebalancea cada enero, sin costes ni impuestos.
Los números de 56 años
Desde 1970, en euros | 60/40 | 50/35/15 con oro |
|---|---|---|
Rentabilidad anual nominal | 8,0% | 8,3% |
Rentabilidad anual real | 5,0% | 5,3% |
Volatilidad | 9,5% | 8,8% |
Caída máxima | −31,1% (1973-1974) | −24,1% (2000-2003) |
Meses con más de un 20% de caída | 34 | 13 |
Años en negativo (de 56) | 12 | 10 |
10.000 euros de 1970 hoy | 787.000 € | 894.000 € |
Tasa de retirada segura a 30 años | 4,6% | 5,5% |
Más rentabilidad, menos volatilidad, una caída máxima bastante más pequeña y casi un punto más de tasa de retirada segura. Eso no suele pasar. Normalmente para ganar más hay que aguantar más, y aquí ocurre lo contrario, así que conviene entender por qué antes de creérselo.

Dónde ayuda el oro
En casi todas las grandes crisis del periodo, y sobre todo en las de inflación.
Los años setenta son el ejemplo claro. Con el petróleo y la inflación disparados, la 60/40 encadenó dos años malos en 1973 y 1974 y tardó tres años en recuperar el máximo. La versión con oro perdió menos de la mitad en esos dos años y su caída fue mucho menor. Y en 1979, el año del segundo susto del petróleo, la 60/40 apenas se movió mientras la versión con oro subió un 18%. La década entera la cerró la 60/40 con un 3,4% anual, por debajo de la inflación, y la versión con oro con más del doble.
En la burbuja tecnológica y en la crisis financiera pasó lo mismo, con menos diferencia. La versión con oro cayó menos en 2002 y en 2008, y su caída máxima en cada uno de esos episodios fue varios puntos más pequeña. Y en 2022, el año en el que acciones y bonos cayeron a la vez y la 60/40 vivió su peor momento en décadas, la versión con oro también perdió menos. Aunque aquí conviene mirar la letra pequeña, y a eso voy.
Fíjate en que no es que el oro suba siempre que la bolsa baja. En 1990 cayó con todo lo demás y las dos carteras perdieron lo mismo. Y en 2022 tampoco fue el refugio que a veces se cuenta. En dólares acabó el año plano y entre marzo y octubre llegó a caer un 15%, justo cuando la bolsa y los bonos estaban en lo peor. Lo que ganó en euros ese año, un 7%, se lo debe casi todo a la subida del dólar. Lo que hace el oro es cubrir el escenario que a la 60/40 le falta, el de inflación, tipos al alza y pérdida de confianza en la moneda, y eso se vio de verdad en los setenta, cuando en 1973 y en 1979 subió con fuerza mientras la bolsa caía o apenas se movía y los bonos no daban nada. En una recesión clásica como la de 2008 el que protege es el bono, y el oro ayuda, pero menos. Tener los dos es tener cubiertos los dos escenarios, sabiendo que ninguno de los dos funciona en todas las crisis.

Dónde cuesta
En los buenos tiempos, y no es poco. Durante los ochenta y los noventa la 60/40 ganó claramente más que la versión con oro, con el metal cayendo desde los máximos de 1980 mientras la bolsa vivía su mejor época. Son veinte años seguidos, de 1980 a 1999, en los que el oro fue un lastre de dos y tres puntos al año. Quien tuviera oro en aquella época lo vendió, seguro, y por eso hay tan poca gente que lo lleve desde entonces.
Así que la pequeña ventaja que sale en la tabla es la suma de dos cosas muy distintas. Perder un par de puntos al año durante veinte años y ganar mucho más que eso en los diez o quince años en los que el oro hizo su trabajo. Se ve muy bien en las décadas. Los setenta y los dos mil, las dos décadas perdidas de la 60/40, son las dos en las que la versión con oro más se separa.
Por qué funciona
Es la misma lógica de la Cartera Permanente, solo que con un 15% de oro en vez de un 25% y con más acciones. Las acciones cubren el crecimiento, los bonos cubren la recesión y la deflación, y el oro cubre la inflación y la pérdida de confianza. La 60/40 solo tiene dos de las tres patas, y por eso su peor década fue la de los setenta, la de la inflación. La de los dos mil también fue mala, pero por otro motivo, dos caídas seguidas de la bolsa, y ahí el oro ayudó porque subió casi todos los años de esa década. No es magia ni es una apuesta por el oro. Es no dejar un escenario sin cubrir. Lo expliqué con más detalle en El oro y la diversificación.
Y hay una segunda razón, que es el rebalanceo. Cada enero la simulación vuelve al 50/35/15. Eso obliga a vender oro después de años como 1979 o 2020, cuando se ha disparado, y a comprarlo después de años como 1981 o 2013, cuando nadie lo quiere. Sin esa disciplina el resultado sería peor y bastante más volátil.
Lo que yo saco de esto
Primero, que un peso pequeño basta. Un 15% ha sido suficiente para recortar de forma clara la peor caída de la 60/40 y para subir casi un punto la tasa de retirada segura. No hace falta convertirse en un fanático del oro para que la cartera lo note.
Segundo, que el precio de esa protección es real y hay que estar dispuesto a pagarlo durante años. Si vas a vender el oro después de una década como los noventa, mejor no lo compres.
Y tercero, que esto es una simulación con índices, sin costes ni impuestos. Un ETC de oro físico y unos fondos indexados baratos se comen unas décimas al año. La conclusión no cambia, la cifra sí.
Puedes abrir las dos carteras en el simulador y cambiar el año de inicio, la divisa o el peso del oro. Aquí tienes la 60/40 y la 50/35/15 con oro. Y si quieres ver el caso extremo, un 25% de oro con un 25% en cada uno de los otros tres activos, tienes la simulación de la Cartera Permanente.
Nada de esto es una recomendación de inversión. Las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras.
Cada semana envío a los suscriptores de mi newsletter un análisis como este, sin ruido y sin publicidad.
Carlos Santiso



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